Llegamos a Jaipur, o la ciudad rosada como se la conoce ya que todos los edificios de la zona antigua son de color rosa. El fuerte, que está encima de una colina y se puede subir en elefante, sirvió como punto defensivo y como residencia real por la familia del maharaja que lo mandó construir por el año 1.600.


Para visitar la ciudad de Jaipur contratamos un rickshaw para que nos llevara a visitar los sitios más importantes, y durante el camino compartimos unas cervezas y unas cuantas confidencias. Aquí en menos de dos minutos se llega a un nivel de confidencias que a nosotros nos cuesta alcanzar en años de amistad.

Nuestro conductor era de familia musulmana pero seguía a rajatabla las tradiciones hindúes, salvo la religión. En la India hay millones de dioses y la religión está abierta a las interpretaciones personales, tanto que se dice que hay tantas variantes de hinduismo como hindúes hay en el planeta, y nadie juzga al que cambia de dios o sigue otra religión. Bueno, pues nuestro amigo se había casado con 17 años cuando su mujer en aquella época sólo tenía 11, y como muchos matrimonios de la India era un matrimonio arreglado por los padres.

Cuando se casan, la mujer se traslada a vivir con la familia del marido y tiene que saber ajustarse a las tradiciones de su nueva familia, desde cocinar hasta celebrar los rituales religiosos correctamente o vestir de una determinada manera. Para la mujer los primeros años suelen ser difíciles hasta que se adapta, y por eso los padres del chico que está en edad de casarse creen que elegir una esposa no es algo fácil y que es tarea de los padres. Empiezan a preguntar a sus amigos más cercanos, que preguntan a otras familias de la misma casta y las mismas tradiciones culturales. Si todo lo que escuchan sobre la posible mujer les gusta, ya sólo hace falta que pasen una última prueba, que es la de que sus cartas astrales sean compatibles.

Los turistas despertamos muchísimo interés en la India y en cuanto te ven un poco paradillo en algun sitio aprovechan para abordarte con un montón de preguntas. Al final, tras un mes de viaje nos llevamos la sensación de que la India es el país de las mil y una micro-conversaciones, y tras unas cuantas te das cuenta de que todas se desarrollan de una forma bastante previsible. Que cuanto tiempo llevamos en la India, qué hemos visitado, qué hemos estudiado, dónde trabajamos, cuánto cobramos, si estamos casados (a lo que siempre decimos que sí para evitar que a mí me miren todavía más los tíos y que la gente no alucine pensando que siendo novios dormimos en la misma habitación, porque no se lo creerían), cómo nos conocimos, y la pregunta bomba que es la que me deja más shokeada es que si ha sido un matrimonio por amor o arreglado. Nos lo preguntan todos, no falla, y la reacción más común es contestarnos que a ellos les encantaría casarse por amor y que no están de acuerdo con esta costumbre, motivado quizá porque normalmente la gente que se nos acerca es de nuestra edad y se desprenden más de las tradiciones.

Después visitamos a los elefantes que trabajan en el fuerte, y aunque nos sacan 20 cuerpos y nunca habíamos estado tan cerca de uno, cada vez que nos acercábamos se quedaban quietos para que los acariciásemos.


Al final de la tarde nuestros guías nos llevaron a su casa, para ver el comienzo de la boda de su primo. Estaba el pobre sudando con todo lo que tenía que llevar puesto y de la que se venía encima, porque la chica con la que se casaba no la había visto en su vida.El matrimonio es casi el acontecimiento más importante de las familias, así que estaba allí toda la familia con una banda para que los más lanzados se echaran unos bailes. A mí mea agarró una niña y casi me tengo que tirar al suelo para que no me sacara a bailar. Os dejamos un vídeo de los previos a la boda:

video

Muchos besos a todos desde la India,

Paula y Jaime

Publicado por Jaime y Pau sábado, 17 de julio de 2010 4 comentarios

Subiendo nuestro camino hacia el norte hemos hecho parada en Ahmedabad, en la provincia de Guajarat. En esta ciudad fue donde Gandhi estableció su Ashram, por el 1.920. Incluso gente de todo el mundo, conociendo la forma de vida del ashram por artículos o libros que habían escrito los que habían vivido allí, le mandaban cartas a Gandhi pidiéndole que les admitiera en el ashram para pasar allí un tiempo. Allí se meditaba varias veces al día, empezando a las 4 de la mañana, y durante el día se fabricaba ropa o zapatos. Fue desde este lugar donde se comenzó la marcha de la sal. En aquella época la sal era fundamental para conservar los alimentos, pero tenía unos impuestos altísimos que muy poca gente se podía permitir. Gandhi, siguiendo su filosofía de desobediencia civil comenzó su camino hacia una ciudad de la costa, llegando al mar con unos cuantos miles de seguidores. Allí cosiguió “hacer” sal evaporando el agua del mar, demostrando que era injusto los elevados impuestos que la hacían impagable para muchas personas.

Nuestros guías particulares.

Para ir a la siguiente ciudad no nos quedó más remedio que ir en tren y sin aire acondicionado, lo que más miedo nos daba porque todos los mochileros que nos habíamos cruzado nos habían dicho que era uno de los peores viajes imaginables. Al final resultó que no hacía tanto calor, y viendo la gente que había alrededor que entre 6 compartían una sola litera, pues te aguantas y te callas. Además nos tocó de compis con una familia súper maja. Hasta la una de la mañana que estuvimos de palique los que pasaban por el vagón y nos veían se quedaban allí parados a ver si se entereban de algo de la conversación.


Llegamos a Udaipur, en la provincia de Rajasthan, que dicen que es una de las más coloridas de la India. La ciudad era preciosa, con una zona antigua con las casas blancas y calles empedradas y llena de templos. Dando un paseo acabamos llegando a uno de los lagos de la ciudad, donde en medio está el palacio de la majarani y un hotelazo de lujo, pero como el monzón todavía no ha llegado el lago se estaba secando. Por la tarde desde el tejado de nuestro hotel teníamos unas vistas preciosas de toda la ciudad.


Aunque ha sido la ciudad más limpia en la que hemos estado, es inevitable en la India ver a los animales libres por la calle y no hemos dejado de cruzarnos con burros, cabras o vacas. Yo aquí me llevé 3 cacas, y cuando ya pensaba que era imposible pisar otra, piso la cuarta y el vendedor de la tienda de efrente me grita delante de todo el mundo: you have veeeeeeeeery good luck madame!!!!!!

Sin duda, una de las zonas que más nos gustó fue la del mercado de las frutas y las especias. Las vendedoras tenían en el suelo las cestas con un montón de frutas y verduras que era imposible reconocer, y entre los puestos había una procesión de saris de todos los colores, cada uno más fucsia que el otro. No sabemos si serán cómodos o no, pero a mí me encantan, es como si pudieras ir con un vestido de noche todo el día, y en Rajasthan son preciosos. Seguimos disfrutando de la India y regateando los regalos de las vacas,Un beso a todoooooooooooooooooooooos
Paula y Jaime

Publicado por Jaime y Pau jueves, 15 de julio de 2010 4 comentarios

Seguimos nuestro camino hacia el norte, haciendo parada en otra ciudad de la provincia de Maharashtra, en Aurangabad. Viajamos desde Delhi en un bus nocturno pero no descansamos mucho, no porque fuese incómodo sino porque parece que conducen con una mano pegada al claxon. De hecho, en la parte de atrás de los coches y camiones hay un letrero que no pone “bebé a bordo”, sino que en letras de colores y pintadas a mano pone bien claro: PITE POR FAVOR.


Cuando llegamos al hostal a las 6 de la mañana, muertos de sueño, parecía que sólo había una habitación disponible. Nos llevaron escaleras arriba para enseñárnosla, sacaron al tío que estaba durmiendo allí, y decidimos que aunque la cama todavía estaba caliente y que no iban a cambiar las sábanas nos valía, ya no hacemos muchos ascos. Cuando nos fuimos a dar un paseo por la ciudad, descubrimos que en la escala de importancia del tráfico que teníamos en mente había cambiado por arriba. El último mono es el peatón, luego van las bicis, luego los cycle-rickshaws, los auto-rickshaws, los coches y los camiones. Lo único que puede parar a todo, el que manda en la carretera, que está por encima de todo y además campa a sus anchas, es la vaca.

El 80% de la población india, o sea, 800 millones de personas, son hindúes y consideran a la vaca un animal sagrado. No la pueden comer, pero sí ordeñar, hasta que la vaca deja de producir leche de buena calidad y la dejan suelta, por eso están por las calles. Pero lo que más nos sorprendió es que no sólo había vacas sueltas por Aurangabad, sino también cabras y cerdos. Los animales conviven con la gente de la ciudad, y si en los parques de Madrid hay que tener cuidado para no pisar una caca de perro, aquí hay que andarse con mil ojos para no meter el pie en una plasta gigante, que vamos con chanclas.

Nos cogimos un día un tour en bus para que nos llevara a ver los sitios más importantes de la ciudad. El más impresionante fueron las cuevas de Elora, que son unos templos excavados en la montaña por monjes budistas e hindúes, donde el más antiguo es del año 600.

Otro de los sitios que visitamos fue el mini Taj Majal, donde la mayoría de la gente que estaba allí nos pedía que nos hiciéramos fotos con ellos y hasta me acabaron soltando un bebé en menos de 2 segundos para que también tuviera una foto con los guiris J

Al día siguiente decidimos que las cuevas de Ajanta, que son parecidas pero excavadas en un valle, las iríamos a visitar en un bus local. Están a 100 km de la ciudad y tardamos 3 horas en llegar, para que os hagáis una idea de cómo están los transportes aquí.

Cuando volvimos por la tarde tuvimos la suerte de coincidir con la celebración de una boda. El novio estaba vestido de blanco, con un turbante rojo y montado en un caballo blanco. Se paró en una de las calles y algunos de los invitados y otros de los que pasaban allí se pusieron a bailar con la banda nupcial detrás. Cuando empezamos a ver que se nos acercaban unos para llevarnos a la zona de baile, hicimos el chicken run y nos fuimos a cenar.

Inauguramos de verdad la sección gastronómica de la India, que ya nos hemos lanzado a probar la cocina local.

Hemos cenado bastantes veces en un restaurante de Talis que estaba cerca de nuestro hotel. El Tali se sirve en plato de acero, y se trata de varios compartimentos donde te ponen salsas o guisos y en medio hay panes de varios tipos y arroz blanco. Te reponen la comida todas las veces que quieras hasta que te canses, pero nunca conseguimos terminarlo porque acabábamos con la lengua insensibilizada.


El platito pequeño que está a la izquierda es una especie de salsa de yogur muy líquida con un bollo en medio que estaba buenísimo, pero no me acuerdo del nombre.

Para compensar el picor hemos descubierto que lo mejor son los Lassi, que es una bebida con leche y yogur y muy azucarada, como un batido, bueníiiiiiiisima, que además te la mezclan si quieres con frutas. Nos falta por probar el Lassi salado, que creo que no nos va a gustar pero habrá que intentarlo.

También hemos probado el Paneer Butter Masala (que es la salsa roja de la izquierda, pica pero es aguantable) y el Methi Mutter Masala (que es lo verde y este sí que picaba para morirse).

Para elegir los platos, como tampoco la gente habla mucho inglés, lo hacemos a boleo. De los 50 platos que hay en la carta elegimos uno que nos guste el nombre y hala, sorpresa sorpresa!!!

Por cierto, a ver qué pasa con Bakugan que le están quitando el puesto de pichichi!!!!!

Seguiremos informando desde el frente, un beso a todos!!!!!

Paula y Jaime

Publicado por Jaime y Pau domingo, 4 de julio de 2010 2 comentarios

Aterrizamos en Bombay, según Mecano un paraíso, según los viajeros una ciudad sucia con mucha pobreza, según algunos estudios la ciudad con los pisos más caros de todo el mundo después de Hong Kong . A la salida de la terminal nos pedimos un rickshaw a través de una agencia, por miedo a que nos timen ya que se nos ve cara de pringaos recién aterrizaos, y que también nos da un poco de canguele siendo las 3 y pico de la mañana.



Durante el camino hasta que llegamos a la zona de hostales, pasamos por calles donde hay familias y familias durmiendo en las aceras, o en un lado de la carretera, o entre los coches. Aunque sea de madrugada, alrededor hay camiones cargando mercancías, hay rickshaws pasándoles a milímetros y tocando el claxon, gente que les pasa por al lado y ellos parece que no se dan ni cuenta. Son tantos los que no tienen casa y que aceptan su forma de vivir que no se esconden, no se van a una calle desierta donde nadie les vea o les pueda molestar. Viviendo en un país demasiado poblado para tener un poco de privacidad, parece que han desarrollado la habilidad de desconectarse del ajetreo de la ciudad.

Llegamos a Colaba, la zona de hostales, y como nuestro conductor no entiende inglés no conseguimos decirle que nos lleve a una determinada dirección, asi que en plena noche nos cogemos las mochilas y nos ponemos a buscar un sitio donde dormir. Lo pasamos un poco mal, nos encontramos con unas cuantas ratas tamaño dinosaurio y había gente durmiendo por la calle que cuando nos vieron se nos acercaron a preguntar, pero al final conseguimos un hostal. El techo era tan bajo que teníamos que ir agachados y el baño era compartido y hasta ahora se lleva el récord del baño más sucio en el que hemos estado, pero era el más barato de toda la zona.

Pasamos un par de días de turisteo por la ciudad. Tiene unos edificios de la época colonial inglesa que son preciosos, sobre todo la estación de trenes y los juzgados, pero queda en un segundo plano por lo sucia que es la ciudad. Ya no sólo que hay basura por todas partes y la gente tira los papeles o lo que sea al suelo, es que hay infinidad de coches, motos, rickshaws y camiones, y con la polución acabas llegando a casa con una capa de sudor renegrido importante.

A mí sobre todo me costó acostumbrarme a que todo el mundo nos mirase, la gente va a su bola por la ciudad y cuando te ven se empiezan a dar codazos entre sí para avisarse de que hay un guiri paseando. Tenía que ir al principio mirando al suelo para evitar las miradas porque resultaba súper incómodo. Y la gente pidiendo, nos pide dinero mucha gente, es inevitable que cada pocos se nos acerque alguien a quien nos encantaría darle unas rupias y tenemos que seguir andando con el corazón medio encogido porque sería imposible darle dinero a todos los que nos lo piden.


La comida de India:

Todavía no podemos inaugurar esta sección como se merece porque en Bombay hemos conseguido encontrar algunos sitios de pizzas y kebabs. Pero es desesperante llegar a un bar y leer la carta y no saber qué son los 50 platos que hay en la lista, y tampoco vamos a preguntarle al camarero uno por uno qué llevan los platos y si son picantes, porque esta última pregunta sobra. Menos las bebidas, todo pica, los kebabs y las pizzas incluídas hasta el punto de no podernos comer todo el plato porque ya no sentimos la lengua. De todas formas nos vemos con el espíritu aventurero y en un par de días empezaremos a indagar.


Bueno familia, pues ya estamos en India. Ha sido un poco shock y estamos en proceso de adaptación, pero el mes que vamos a estar recorriendo las ciudades del norte promete.

Un beso muy fuerteeeeeeeeeeeeeeee!!!!!!

Publicado por Jaime y Pau domingo, 27 de junio de 2010 3 comentarios

Parecía que volvíamos otra vez a la civilización moderna cuando aterrizamos en Singapur, y con todo lo que eso significa, que ya no vamos a comer por 3 euros y que los hoteles no cuestan 10 dólares sino 40, pero también ganamos un poquito de comodidad. No tiene nada que ver con el resto del sudeste… mientras que los países de alrededor están por desarrollar, en Singapur todo es nuevo, todo funciona, hay un buen nivel de vida y hay un montón de servicios (incluído el metro que ya lo echábamos de menos).

Dicen que la mayoría de los servicios de la ciudad y las normas de “convivencia”, las hicieron basándose en las mejores prácticas que había en el mundo. Y al final ¿qué ha resultado? Pues que es una ciudad donde todo funciona muy bien y las cosas están muy organizaditas pero en donde hay normas para todo que al final acaban resultando más molestas que otra cosa. Por ejemplo: en algunos sitios no s puede comer chicle, en el metro te ponen una multa de 1.000 singadollars si comes o bebes, y lo que más nos sorprendió para bien, que se respetan los semáforos. Teniendo todavía muy reciente la experiencia de cruzar una calle en Vietnam, cuando en Singapur un coche se paró en un paso de cebra no podíamos dar crédito.

La ciudad no tiene mucha historia como tienen sus vecinos del sudeste, pero hay una mezcla de culturas que hacía que cada 5 minutos estuviéramos en un barrio diferente que parecía que nos transportaba a otro país. En Chinatown hay un mercadillo con un montón de tenderetes súper curiosos en los que no faltaba el gato dorado que no deja de saludar, con un templo de 5 plantas donde justo coincidimos con la hora de los rezos y nos encontramos con un montón de señoras y monjes sentados en fila leyendo todos los textos de Budha. En Little India nos encontramos con un montón de tiendas de telas súper coloridas para hacernos un sari, y unos templos donde había vacas de todos los colores en los muros y un montón de figuritas que parecían sacadas del cortilandia.

Como no podía ser de otra manera, aquí hemos aprovechado para visitar al San McDonalds unas cuantas veces, hasta que el último día descubrimos un bar español y no pudimos resistirnos a pedirnos una paella, que nos la pusieron con alioli y todo y se nos caían las lágrimas.


Pues nada familia, pasamos de Singapur a la India con muchos nervios y sobre todo muchas ganas. Os seguiremos informando desde el frente, un beso a todoooooooooos

Paula y Jaime

Publicado por Jaime y Pau 0 comentarios