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Nunca nos olvidaremos de cómo llegamos a las islas Perhentians. La verdad es que en Malasia los transportes están bastante bien, y desde KL nos venía bien coger el tren para ir subiendo hacia el norte. Nos encantó la experiencia, nos cogimos dos literas en la clase sleeper que tenían su cortinilla y todo, el sitio estaba bastante limpio aunque los baños eran de tipo asiátio (agujero en el suelo con manguera en lugar de papel higiénico) y dormimos a pierna suelta hasta que llegamos a Kota Bahru. Desde allí nos cogimos un taxi que nos dejó en el puerto y mientras esperábamos a la lancha conocimos a Silvia y a Bea, unas mochileras que iban solas por el mundo pero que se habían conocido unos días antes en la jungla malaya. Nos dijeron que la mejor playa en las Perhentians era la de Long Beach, así que nos dejamos llevar y decidimos que nos bajaríamos en el mismo sitio que ellas.

Nos montamos todos en la lancha, y tras media hora de viaje el barquito empezó a hacer varias paradas por varios puntos de las islas. Las vistas espectaculares, nos recordaron un poco a las Tioman, y la gente se bajaba en los embarcaderos tan normal. Digo tan normal porque cuando llegamos a Long beach nuestra lancha se paró a 100 metros de la orilla y vino una mini-lancha a recogernos, así que en mitad del mar tuvimos que hacer equilibrismos para pasar las mochilas de una barca a otra y saltar nosotros sin caernos, pero al final entre los cuatro lo conseguimos. Pero no acaba aquí el tema, cuando por fin creíamos que teníamos la vida solucionada y que la mini-lancha nos iba a dejar en el embarcadero, lo que hizo fue dejarnos “casi” en la orilla. Decidió dejarnos en mitad de toda la playa, pero no en la orilla, sino a 3 metros, donde el agua nos llegaba por la cintura. Así que la gente que estaba tirada en las hamacas con sus sombrillitas y sus cocos helados, estaba viendo el espectáculo de cómo nosotros nos remangábamos los pantalones hasta que no dieron más de sí, con las mochilas casi en la cabeza en plan porteador, y llegamos a la arena que estaba abrasando sin tener ni idea de dónde ir, sólo veíamos hamacas y chiringuitos. Total que empezamos medio a correr hasta que Silvia y Bea vieron un cartel del hostal donde tenían pensado alojarse y nos fuimos con ellas.

Para la primera noche no conseguimos quedarnos en el mismo hostal que ellas, pero luego estuvimos una semanita alojados en el mismo sitio, que eran unas cabañitas de madera a tan sólo 30 metros de la playa. Lo que pasa es que ya veníamos muy mosqueados de las Tioman con lo de la historia de la araña asesina, aquí que no dormíamos muy a gusto que se dijera, pero por 10 euros la noche la verdad que tampoco se puede pedir mucho más. ¿A que nuestras cabañas son preciosas???


En nuestra playa había 3 bares: el de las mesas rojas, el de las amarillas y el de las azules. Todos con comida malaya que a Jaime la verdad no le entusiasmaba, pero por la noche ponían unas barbacoas de pescado que estaban de chuparse los dedos. Los tenían frescos en un mostrador para que eligiéramos el que más nos gustara, y lo servían con patatas asadas y una salsa de ajo y mantequilla que yo dejaba el plato limpio.

La vida allí en general muy tranquila, y además cada 5 metros había puestos de buceo que nos dejaban las inmersiones tiradas de precio. Nos hicimos unas 4 inmersiones, a 15 euros cada una que es toda una ganga comparado con los precios en Europa, y con una vida marina espectacular. Vimos nemos, sepias, peces globo….. y tiburones bambú. Yo estos tiburones ni los veía, me los tenían que señalar, porque miden medio metro y son de color parduzco (color panzaburra que diría una que yo me conozco), además no tienen dientes así que no dan mucha emoción.

Un día nos apuntamos a una excursión de snorkel, que nos llevaba a varios sitios de la isla, y además de los paisajes de selva y aguas cristalinas, pudimos ver tortugas gigantes y un par de tiburones de los grandecitos. Para ver los tiburones se tuvo que meter el guía con nosotros a explorar el arrecife, porque son muy difíciles de ver y además en cuanto ven gente se marchan deprisa, así que ni siquiera pudimos sacarles una foto pero nos encantaron.


La isla era súper estrechita, y nos dijeron que se podía cruzar de un lado a otro a través de la selva en solo 10 minutos. Yo ya me estaba acordando del trekking que nos hicimos en las Tioman y miedo me estaba dando…. Total, que un día nos animamos y nos fuimos para allá los cuatro a ver que había en el otro lado. Cuál fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos con que había un hotel, con recepción y todo e internet, y las cabañitas estaban de lujo, con su aire acondicionado, bien alicatadas para que no entrara ningún bicho y con agua caliente. Al día siguiente bien temprano nos cogimos las mochilas e hicimos mudanza que por un eurito más íbamos a estar como reyes. Por fin nos íbamos a dar una ducha calentita después de tanto tiempo…..

Al final nos quedamos en las islas casi dos semanas, creo que ha sido el sitio (a excepción de Hawaii) donde más tiempo hemos estado. Nos hemos pasado los días dando paseos por la playa, por la selva, haciendo snórkel y pegándonos unas siestas descomunales a la sombra de las palmeras, jejejeje ¿a que estoy morena???

La verdad que no nos podemos quejar, ha sido todo un lujo y hemos conocido un montón de gente súper maja. Bea se volvió a Londres a los dos días porque ella ya estaba al final de su viaje y Silvia se marchó un poco antes que nosotros rumbo a Bangkok. A Silvia la podéis seguir en su blog: Silvia vuelta al mundo.blogspot (si no funciona quitar una “a” de por medio, pero la dirección es igual que la nuestra).


Sin mucho más que contar desde nuestro retiro paradisíaco,


Un beso muy fuerte a todos!!!!!!

Publicado por Jaime y Pau jueves, 29 de abril de 2010 2 comentarios

En KL sólo estuvimos un par de días, y pasamos más calor que en toda nuestra vida, aunque eso lo llevamos diciendo mucho en Asia, y alguna vez nos metimos en algún centro comercial sólo para que nos diera un poco el acondicionado. Eso sí, todas las tardes sin excepción llovía a cántaros, y se formaban unas piscinas por las calles que para cruzarlas había que remangarse por la rodilla.

En KL lo más impresionante de ver son las Petronas, y básicamente fuimos a KL sólo por ver las torres, pero la verdad es que el ambientillo de mezclas que hay allí hace que la ciudad merezca la pena, en menos de un minuto te puedes cruzar con chinos, indios y malayos, y cada uno tiene su propio barrio en la ciudad. Además hay cantidad de mequitas, templos chinos e hindúes, que conviven en la ciudad con toda normalidad. Nuestro hotel lo teníamos al lado de una mezquita y todos los días a las 7 de la tarde, las 12 de la noche y las 5 de la mañana ponían los altavoces a toda pastilla, asÍ que alguna vez por la noche nos despertaron.

KL fue uno de los primeros sitios en los que empezamos a practicar nuestras dotes de regateo, aunque ya nos habíamos iniciado en Dubai con la maestra Yoda, o sea, Alicia (no sabes las veces que nos hemos acordado de ti pensando que tú nos lo hubieras conseguido más barato). Hablando con un taxista que nos llevaba al barrio chino nos explicó más o menos las reglas del regateo, que las hemos mantenido siempre que hemos podido. Básicamente, al comprar algo y no marcharte con cara de primo, hay que conseguir un precio un poco más bajo de la mitad del precio original. O sea, que si piden 80 un buen precio serían 30 o 35, asi que con toda la cara del mundo cuando te piden los 80 hay que decirle al tío que no, que es muy caro y que como mucho le pagas 20 (se nos caía la cara de vergüenza cada vez que lo hacíamos). La segunda regla de oro del regateo es que si le dices al de la tienda un precio y te dice que sí, aunque sea 10 minutos más tarde de regateo y estés totalmente saturado y se te hayan quitado las ganas de comprar y odies al dueño por pesado, hay que comprar, porque es hacerle un feo. La última regla, esta de cosecha propia, es que si no te interesa lo de la tienda no preguntes el precio, porque te metes ya en el jueguecito de “dime cuánto estás dispuesto a pagar” y prácticamente te obligan a entrar en el regateo, y al final te pueden pasar dos cosas, o que compras algo que no querías o que te marchas sin nada y el de la tienda se acaba acordando de toda tu familia en malayo.

Lo que no nos gustó demasiado fue la comida, no sé si es que no encontramos un bar que nos gustara o que la forma de cocinar no nos va, pero yo alguna vez me quedé con un hambre que me desmayaba, así que todas las noches nos poníamos las botas con el McDonalds, aunque tuviéramos que atravesar los charcos gigantes de las lluvias, y nos poníamos las botas para así reponer fuerzas.


Un beso muy fuerte familia, sentimos el retraso pero llevamos por aquí es imposible es conectarse a internet. Os echamos de menos y tenemos muchas ganas de volver a veros pronto,

Un besazoooooo

Publicado por Jaime y Pau martes, 27 de abril de 2010 2 comentarios

Nuestro siguiente destino tras el shock de Hong Kong era Malasia, en concreto unas islitas a las que ya habíamos echado el ojo y que tenían muy buena pinta, las Pulau Tioman. Hicimos una parada técnica en Singapur para descansar y coger el bus que nos llevaba a las Tioman, pero no visitamos nada porque a Singapur volveremos después de nuestra ruta por el sudeste asiático, así que no quisimos empezar a comernos el pastel.

En el bus rumbo a las Tioman conocimos a Julia, una chica de Munich que estaba terminando su carrera en Singapur y llevaba allí viviendo unos cuantos meses, aprovechando los findes para viajar. Por lo que nos contó (no la quisimos hacer el tercer grado) dedujimos que los estudiantes internacionales que coincidían con ella en la universidad no compartían el gusanillo de viajar, así que ella se cogía su mochila cuando tenía ocasión y se estaba visitando un montón de países por su cuenta, ole ole y ole.

El bus nos dejó en Mersing, el pueblecito desde el que se cogía el ferry que nos llevaba a las islas. Lo único que recuerdo del pueblo es que hacía muuuuuuuuuuucho calor, a lo mejor no llegaba a 30 grados pero como habría un 95% de humedad parecía que había 50 grados a la sombra, y yo me pasé todo el rato sudando sin parar como un pollo. A las 3 de la tarde, en plena solana, paseando las mochilas por todos lados hasta que conseguimos inscribirnos en el ferry y comer algo en un puestecillo, haciéndonos hueco entre toda la aglomeración de gente que estaba en el mini-puerto, yo pensaba que me había deshidratado ya. Claro, toda la ropa de invierno que habíamos sacado en Hong Kong y que estaba en las capas de arriba de la mochila, ooooootra vez a meterla en el fondo de la maleta y a sacar la ropa de verano.

Durante el día nos empezamos a dar cuenta de lo barato que es Malasia. La moneda son los ringhit malayos, que hasta que conseguimos pronunciarlo bien nos costó unos cuantos días: ¿cuántos ringins han dicho?, ¿los ringrits?, que nooooo, que son rinjits, ahhhhhh. Ya es que estamos de tanto cambio de moneda un poco saturaditos, y nos hacemos lío con los cambios. Pero ¿esto? ¿hay que dividir entre 2 y multiplicar por 3? ¿o era entre 4 y luego le quito un cero? Con los honkonianos era más fácil, porque se dividía entre 10 y listo, con los ringhits malayos hay que dividir entre 5, que tampoco es para volverse loco, pero hay que estar haciendo cuentas todo el día. Bueno, pues a lo que iba, que en Malasia nos ha parecido todo muy barato. Por ejemplo: un plato de comida malaya, o sea, unos noodles estilo chingpao, costaban 10 ringhits. Una hamburguesa en un puesto callejero, 3 ringhits, 70 céntimos más o menos. La cabaña de las Tioman nos costó 50 ringhits, unos 10 euros por noche, o sea que vas allí con 1.000 euros y te tiras un mes enterito a cuerpo de rey.

Llegamos por fin a ABC, el pueblecito que la mayoría de los mochileros escogen para quedarse en las Tioman, y el paisaje era de esos que te deja con la boca abierta y sonriendo a la vez, con una pelota en el estómago de la emoción y pensando “uuuuuf, cómo me lo voy a pasar aquí….”. Es una montaña de selva, salpicada de chocitas de madera y rodeada por agua cristalina verde turquesa. Nos costó un poco conseguir alojamiento, porque desde hace unos meses para nosotros lo mejor es ir a los sitios sin hostal ni nada reservado y al llegar al sitio, pues a ver lo que nos encontramos, vamos un poco a la aventura. A veces cuesta, y uno se desespera, con el calor que hace, sudados con ganas de pegarte una ducha, cansados del viaje y medio doblados arrastrando los casi 20 kilos de peso que llevamos ya a cuestas, pero siempre hay sitio.

Este es uno de los puentecitos del pueblo, parecía de cuento.



Este es nuestro chiringuito, donde veníamos todas las tardes a tomarnos nuestras cervecitas. Si algún día lo dejamos todo y decidimos montar un chiringuito en la playa, imaginaros un sitio como este en una isla como esta.


En primera fila preparándonos para ver la puesta de sol


Lo “malo” es que se está terminando el monzón, y por eso al atardecer siempre hay nubes en el horizonte y nunca se puede ver una puesta de sol completa, el sol siempre se acaba perdiendo entre las nubes en vez de esconderse en el horizonte, pero aun así, ya me diréis vosotros si esta puesta de sol es bonita o no J




Estos son algunos de los habitantes de la isla.

Esta fue la araña peluda que nos sacó de nuestra cabaña.


¿Os dáis cuenta del tamaño de la araña????? Es como mi mano de grande, y peluda. La teníamos en el baño, y nos la encontramos una tarde cuando volvíamos de bucear. Cuando abrimos la puerta del baño salió corriendo y se escondió entre los azulejos de la pared, pero se la veía una patita peluda moviéndose como si nos saludara, puaaaaaaaaj. Asi que para ducharnos, pues tuvimo todo un show de contorsionismo. Para hacer cualquier cosa había que hacerlo siempre mirando a la araña. Para coger el champú o el gel, había que retroceder sin perder de vista a la araña y coger los botes al tacto, porque como la perdiéramos había que salir de la ducha en el estado en el que estuviéramos, no fuera que estuviera en el suelo y nos subiera por el pie. Total, que conseguimos ducharnos y nos fuimos a cenar, pensando que a la vuelta se habría ido. Volvimos a casa y la araña seguía en la pared de enfrente de la puerta del baño, noooooooooooooooo!!!!! De repente, se volvió loca y empezó a andar por el techo como si fuera la niña del exorcista hasta que se puso en la pared donde estaba la puerta del baño y desde donde nosotros la vigilábamos, y yo ya ahí estaba gritando como una loca. Se quedó quieta un rato, y otra vez se puso a correr a toda pastilla acercándose al quicio de la puerta y donde yo por cierto tenía mi cabeza así quie me dio un susto de muerte y me puse a gritar y a dar saltos, y la araña acabó saliendo a la pared de la habitación, justo encima de la cama. Empezó a bajar por la pared para llegar al suelo y ahí sí que no pudimos más y nos fuimos de casa corriendo gritando como locos. Claro, de repente nos dimos cuenta de que habíamos cerrado la puerta, ¿has cogido las llaves? No, las has cogido tú. No,perdona, las has cogido tú. Joooooooder, que nos las hemos dejado en casa, y ahora no podemos entrar, las 11 de la noche, ¿qué hacemos?

Al final conseguimos que las chicas que trabajaban para el hostal nos acompañaran a casa, con una escoba rosa fosforito para ayudarnos a matarla. La chica medía metro y medio y se meaba de la risa y nos decía que las arañas no eran peligrosas, a nosotros ya nos picaba todo el cuerpo, y yo acojonada perdida pensando en los lagartos de 3 metros que habíamos visto por la mañana, cuando a mitad de camino llegando a casa con todo oscuro a mí me salta algo a las piernas y otra vez a gritar. La chica enchufó con la linterna y nada, que era un sapo que casi lo piso. Fue uno de esos momentos de pensar que me quería volver a mi casa. Al final no encontramos nunca más a la araña, y dormimos toda la noche con la sábana por la cabeza y sudando como pollos. Desde ahí nos hemos quedado emparanoiados y siempre abrimos las puertas de los baños con una patadita, por si las moscas, no sea que el bicho esté cerca y nos suba por el brazo hasta la cara.

Estos son los taxis de la isla, es una moto con un cajón atornillado, y en el cajón está la silla del bar pepe, que se puede poner y quitar según la ocasión lo requiera, son todo ventajas y el último grito de la tecnología en las Tioman.


Un día nos hicimos un trekking por la isla, que duraba dos horas y era un caminito que nos llevaba al otro lado de la isla. Yo acabé reventada, pero el esfuerzo mereció la pena porque llegamos a una playa prácticamente desierta.


Para la vueltanos cogimos un taxi, que era el 4x4 del chico del bar, así que nos pusimos atrás para poder ver mejor el paisaje. Mirad qué fotos, la jungla es impresionante, y nos lo pasamos pipa en la parte de atrás del coche.



Estos son algunos de los tropecientos Nemos que viven en la isla. A dos metros de la playa hay coral, así que la vida marina de la isla es impresionante y Jaime y yo nos hemos pasado horas y horas en el agua, Julia ya la pobre acababa harta y se salía de vez en cuando a tomar el sol.



Después de muchos fotos subacuáticas sin mucho éxito, poco a poco vamos mejorando.


Jaimito disfrutando de la playa.



Pues esa ha sido nuestra vida en las Tioman, mucho relax y mucho snorkel, conociendo gente y empezando a entrar en contacto con la vida de los malayos, que por cierto, son encantadores, no dejan de sonreir.

Un besazo!!!!!!!!!!!!!!!!!

Publicado por Jaime y Pau martes, 23 de marzo de 2010 1 comentarios